El llamado por algunos “oído biónico” no es ninguna novedad. Tampoco el procedimiento para implantarlo en la parte más interna del oído. Lo realmente importante en este caso, es que la madre de Juan Sebastián Mahecha lo escuchó, por primera vez en once años, decirle mamá, y que el implante coclear que le permitió hacerlo, cuyo costo mínimo son aproximadamente $60 millones, fue realizado en el Hospital La Samaritana –un hospital público-.
En palabras sencillas, lo que se implanta, el “oído biónico”, está compuesto por un trasductor externo, que se coloca por medio de una incisión detrás de la oreja, en el hueso temporal, y un electrodo, que se instala en la cóclea. Este mecanismo envía impulsos eléctricos al paciente en diferentes frecuencias. El dispositivo necesita de un software externo en el que se programan las frecuencias y los distintos estímulos. Por supuesto, aunque el implante es sencillo, es un procedimiento que sólo puede ser realizado por personal idóneo.
La rehabilitación incluye sesiones de terapia del lenguaje (empiezan primero con palabras, luego, con frases, hasta que el paciente logra adaptarse y mantener una conversación), conexiones al software (para recibir los estímulos del caso, de acuerdo con las evaluaciones de las terapias del lenguaje) y control médico permanente, sobre todo, para evitar infecciones.
Dicha rehabilitación demora, mínimo, un año, dependiendo de la situación personal del implantado. No es lo mismo recuperar un paciente pre-lingual, que nació con sordera y no tuvo la oportunidad de aprender un lenguaje (una persona aprende a hablar porque escucha hablar), que rehabilitar a un paciente pos-lingual, que aprendió a hablar pero perdió completamente su audición por algún accidente o suceso particular.
En concreto
Juan Sebastián Mahecha, el primer beneficiado con este procedimiento en La Samaritana (gracias a una acción de tutela), tiene once años de edad, vive en Pacho, Cundinamarca, y todo indica que nació con sordera como consecuencia de un sarampión que sufrió su mamá durante el embarazo.
Después del implante, el niño está en rehabilitación y asiste una vez por semana a terapia del lenguaje.
“Ya capta muchos sonidos, por ejemplo, escucha cuando lo llama la mamá y le responde.
Ella, llora de felicidad”, dice el médico Carlos Eduardo Quevedo Rojas, jefe de otorrinolaringología del Hospital La Samaritana, quien estuvo al frente del equipo que realizó el implante, integrado también por los médicos Luis Jorge Mejía y Germán Leguizamón.
Pacientes idóneos
El implante coclear se recomienda únicamente para pacientes con pérdida de la audición, bien sea de nacimiento o por alguna circunstancia posterior, que no puedan ser recuperados con audífonos.
No se recomienda en caso de pérdidas parciales de audición. “Podría decirse que es un procedimiento sólo para personas con un daño tal en el caracol, que hasta hace poco no había nada que hacer con ellas”, dice Quevedo.
En cuanto a condiciones físicas, es preciso que la cóclea del candidato al implante no esté esclerosada ni tenga malformaciones congénitas (condiciones que se evidencian con estudios previos).
Al médico Quevedo también le parece fundamental analizar las condiciones culturales, sociales y personales del paciente, sobre todo, que esté motivado.
“Se trata de un procedimiento muy costoso (unos $60 millones en La Samaritana, pero muchísimo más caro en instituciones privadas), en el cual es demasiado importante la fase de rehabilitación”.
Después del éxito de este implante coclear, el equipo de otorrinolaringología del Hospital La Samaritana confía en poder desarrollar su trabajo de tantos años con muchos otros pacientes que, como Juan Sebastián, no tendrían ninguna otra esperanza de escuchar.
LUZ ESTELLA BETANCURT B.
El Signo Vital |